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El Adulto

Gran mayoría de las relaciones entre las personas se explican claramente en cualquier libro de Análisis Transaccional.

Este consiste en identificar los diferentes estados posibles de un individuo:

La mente (esencia masculina) se desarrolla y nutre de los mensajes y registros recibidos por los padres, la familia y la sociedad. Estos registros se transforman en unas normas de conducta para saber cómo debe actuar, relacionarse... en cada situación, y pueden ser constructivos y positivos, o destructivos y negativos.

  • Una mente crítica condicionada por las carencias y necesidades emocionales de la infancia, crea condicionamientos de sobre-protección (salvador) o de destrucción (perseguidor). No consigue ser objetiva llegando a conclusiones engañosas y se recrea en un círculo cerrado sin evolucionar. No aprende de las equivocaciones desvalorando a los demás (perseguidor) o desvalorandose a sí mismo (víctima). Sigue los patrones establecidos en su infancia.

  • Una mente crítica objetiva está basada en el respeto mutuo. Consigue a través de la observación objetiva de la realidad la capacidad de analizar, solucionar problemas, avanzar y evolucionar. Consigue crear sus propios patrones de conducta cambiando si es necesario, los patrones negativos familiares y sociales.

El niño/a interior (esencia femenina) posee las ganas de vivir, de jugar, de disfrutar, de amar. Se nace con esta esencia y si los mensajes paternos son reafirmantes, nace un sentimiento de seguridad y confianza, pero si son desvalorativos pueden ir distorsionando su personalidad.

  • Un niño o niña que se rebela o se somete a las órdenes recibidas por la mente crítica, que busca protección y depende de otros.
    Ama a los demás por necesidad y dependencia.

  • Un niño o niña natural que se expresa por lo que es, con naturalidad, sinceridad, respeto y alegría.

Saber gestionar las emociones del niño/a con una mente objetiva, favorece un adulto sano y una Inteligencia Emocional.

  • Un adulto que se construye des del niño natural junto con todos los mensajes y registros constructivos que recibe del exterior desarrollando sus propias opiniones y actuando en consecuencia responsabilizándose de si mismo. Aprende de los errores sin desvalorizarse, asumiendolos como ser humano. Si se cae en el camino, se vuelve a levantar para seguir caminando.

Cuando una persona se relaciona desde su adulto, las relaciones son armoniosas, su personalidad está equilibrada e integra su mente racional con sus instintos.

Pero muy a menudo, se crean unos juegos psicológicos al relacionarse dos o más personas no equilibradas, donde la mente crítica o el niño sumiso-rebelde dominan la personalidad.

Los individuos que participan en este tipo de relaciones se posicionan en tres estados diferentes: perseguidor – víctima – salvador creando un círculo cerrado por lo que se le denomina Triángulo Kármico.

Un perseguidor necesita una víctima y una víctima necesita un perseguidor, y al mismo tiempo necesitan un salvador.

- El perseguidor culpa a los demás de sus desgracias sobre-valorándose él mismo.

Ejemplo de perseguidor: "es que no sabes hacer nada bien, todo lo haces mal" , “eres tonto y no sirves para nada”, "te vas a caer"

- La víctima se culpa a sí misma al desvalorarse.

Ejemplo : "no sé" ( víctima de niño sumiso) o por el contrario, "no puedo", "no quiero" (niño rebelde),  "¡ a mi no me grites porque te denuncio ! " ( niño rebelde que se convierte en perseguidor)

- El salvador necesita ayudar a los demás sobre-valorándose al sentirse necesario.

Ejemplo: “no te preocupes, ahora te lo hago yo”(salvador)

Si una persona ha recibido repetidamente el mensaje de que es “patoso”, esto se introduce en su mente como una norma, su niño sumiso lo acabará aceptando de tal manera que irá por la vida adoptando este papel, o por el contrario, su niño rebelde, le obligará a demostrar continuamente que no es patoso actuando también de forma condicionada.

Mientras una persona está en este círculo, no evoluciona, no avanza. Una mente programada en negativo, atrae lo negativo.

Para salir de este triángulo, necesitamos desarrollar nuestro “adulto” que mediante la observación y un crecimiento personal, analiza objetivamente y toma conciencia de la realidad, de los defectos y las virtudes, de lo que uno es y lo que no es, aprende de los errores y los acepta sin desvalorizarse para luego actuar superándose al relacionarse desde su Yo con seguridad, confianza y respeto.

El ADULTO se responsabiliza, aprende, crea, respeta y ama de verdad. Nos ayuda a ser constructivos atrayendo lo positivo. Un ser ADULTO es ético por naturaleza.